24 diciembre, 2015

Cartas a mis idilios fatales.

Por que sí, joder.
Por que es Navidad y me entra la nostalgia.
Por que mi vida amorosa va cuesta abajo y sin frenos (aunque H. aporte un poco de luz a tanta oscuridad)
Por que yo soy yo, y necesitaba hacer un recuento de las veces que he salido perdiendo en una relación. O no.

Por que soy M y con M. empieza la cronología.

Y os voy a contar cada una de las historias.

  Imagen de girl, grunge, and hipster
Como los elementos de un universo, 
volvemos a ser átomos dispersos

09 diciembre, 2015

Dos años desde la última tormenta.

Hoy voy a coger un puñal y a abrazarte por la espalda.

Hoy voy a ir a buscar a H, y darle un buen beso en los labios. Entonces no diré nada, porque sé que H no se extraña que haga esas cosas cuando el alcohol está metido de por medio.

Porque sé que no puede negarse a cualquier cosa que tenga que ver con tropiezos con mi boca y ron barato. Entonces me daré la vuelta decidida y me iré, y sentiré cómo me recorre el cuerpo con su mirada. Y escucharé sus pasos detrás de mí, preguntándome por qué lo he hecho aun sabiendo la respuesta.

Y entonces yo seguiré mi camino y haré como que las palabras se me cuelan por un oído y se me salen por el otro, aunque en realidad estoy secretamente planeando una buena respuesta por si se atreve a cogerme del brazo y exigirme más. Algo más.

H siempre espera algo más.

Como cuando bajó su mano por mi cintura, abajo, abajo, hasta llevar a la curvatura de mis caderas. 

Como cuando me volví a marchar riendo, y él supo al instante que le acababa de rechazar. Pero en ese momento le dio igual, porque sabía que iba a volver a proponérmelo de nuevo, y que algún día le aceptaría.

Quizás cuando lo nuestro fuera algo más que amistad. O eso es lo que creemos.

H siempre me sigue como un cisne a su madre, como un cachorro a su dueño. Nunca me ha gustado definirlo de esa manera, pero es la única forma que se me ocurre cuando me fallan las metáforas y se convierten en simples símiles.

H siempre acaba buscándome. Y me encuentra. Y suelo girar la cabeza y ver que está allí, un par de cabezas más alto que yo, mirándome. Atento a lo que digo, para entonces poder soltar él unas cuantas palabras y seguir hablando. Y hablando. Y hablando.

Porque le encanta hablar y a mí escucharle, aunque él piense que no le estoy echando cuenta.

Me gusta que piense que no me importa lo que dice, porque así de una manera u otra mantengo su guardia alta y firme.

Y es que me distraigo a menudo.

Se repiten los: “M, ¿me estás escuchando?”

Yo asiento y sonrío, y digo algo relacionado con lo que me estaba contando. Allí sigue relatándome alguna historia que comprende chicas y música, en un falso intento de ponerme celosa. Pero no entiende que yo sé jugar mejor que nadie.

A veces pienso que él sabe que no me voy a enfadar. Otras veces de eso es de lo único que me habla, y muestro un poco de hastío para contemplar su reacción.

Normalmente, suele pedir perdón repetidamente, o asegurarme que él no ha hecho nada. O contarme una y otra vez que estaba demasiado borracho pero que se aseguró de controlarse lo suficiente.

Entonces volvemos al partido. M 1 – 0 H.

La diversión se esparce entre carcajadas, sonrisas y conversaciones. Charlas que siempre acaban siendo interrumpidas por chicas que acuden a que H les dé su momento de felicidad del día. O eso parece.

Transcurren los minutos y vuelven a dejarnos solos.

Somos él y yo, rodeados de gente pero a la vez en nuestra propia isla desierta. Suficientemente lejos de la gente para mantener la privacidad, pero suficientemente cerca como para no levantar sospechas.

Estoy riéndome. Le exijo un beso a H con tono burlón. El sarcasmo forma parte de mí.

Él se niega.

Abre los ojos como platos, sabe que en toda broma hay parte de verdad.

Es bastante obstinado para esas cosas. M 1 – 1 H.

Me cuesta, pero eventualmente, me acaba dando lo que le he pedido.

Sospecho que tarde o temprano comenzaremos a hacer lo que yo quiera como en una obra de teatro.

Que empezaré a relatarle a Shakespeare y a colarle frases de Romeo y Julieta, de Lisandro y Hermia, de Antonio y Cleopatra, de Desdémona y Otelo…  sin que se dé cuenta.

En este juego estamos empatados, pero que yo ya quiero ganar.

Porque…
Con el tiempo odiamos lo que tenemos a menudo.
Antonio y Cleopatra. Acto I. William Shakespeare.





PS: Hace tiempo que (M)aybe cambió. Dos años. Hacen ya dos años de M, en el que C y H han cobrado más que protagonismo.Maybe se conviertió en febrero, y comenzó a romper corazones y comportarse más bien como describía su signo del zodíaco. Imprevisible, frívola, astuta. Invernal. 



14 febrero, 2013

Hablo de irnos a vivir al norte para no perderlo. Para no perderte. Para no perdernos.

Aquel día hacía frío, de ese que te congela las manos hasta hacértelas esconder bajo las mangas de los chalecos. Ni las nubes se salvaban de la brisa, que traviesa, las movía a su antojo, como un frenesí de tonos claros.
Aquel día tenía la cabeza en las estrellas, internada en sus brillos, aunque por entonces no había caído ni la primera gota del atardecer.
Quizás es que esperaba en encontrarme con unos ojos vivos, danzarines, temerariamente risueños.
De esos que saben ser amables, y en un instante, relampaguear de indignación.
Que iba mirándome los pies por no encontrarme con tus ojos, temiendo soltar cualquier tontería de esas que te cierran la boca con una cremallera.
Quizás es que la cabeza me daba vuelcos por momentos, y lo que deseaba, cambiaba drásticamente.
E intentaba evitarte. Pero no podía.
Te miraba y no sabía si acercarme (y arrancarte la camisa), o esperar un poco más a ver si me mirabas tú a mí.
Hablo de irnos a vivir al norte para no perderlo. Para no perderte. Para no perdernos.

(M): Y esto es todo lo que voy a contaros. Podría deciros que pasó después, si mi rutina se me hizo como el plomo, si me entumeció los brazos de cargar con ella a cuestas, o si mi pulso cardíaco se aceleraba minuto a minuto. Pero no puedo. De verdad.
Id cogiendo los paraguas, por que dentro de (M)aybe se desata una tormenta.

(Te sigo como siguen los puntos finales.)

07 enero, 2013

Allí donde dijiste tu primer "quizás".


Me miraste con aquellos ojos que sólo ponías una vez en la vida. O dos, en mi caso.
-Responde, respóndeme a mi pregunta. ¿Aún me quieres?
Suspiré para no quedarme sin aire, expulsando el poco aliento que me quedaba, y hasta el suspiro se quebró.
-Quizás.-me susurraste.

Si no dije nada, fue por que no podía. La tensión detuvo mis latidos, tu mirada penetró como aire en mis pulmones. Sabía que mi voz iba a sonar como una brisa rota, como si no me quedasen más fuerzas que para darme la vuelta y huir de allí, arrastrando los pies. Por mis venas corrían trozos de hielo, y se cosieron mis sentimientos.
Aquella palabra continuaba resonando en mi cabeza, aplastándome la razón.
Quizás hubiese sido mejor no haber aprendido a amar, quizás hubiese sido mejor aclarar mis intenciones o secarme la garganta antes de hablar.
Quizás.
Tus pupilas suplicaban una mirada, una respuesta, algo que fuese diferente a aquellas canciones de los 80 del bar de la esquina.
Tenía miedo de hablar y dejar que recolectases mi voz rota para tu colección de bohemios imsomnios.
"Atrévete a acompañarme esta noche, vamos a andar por ese tejado"
Sonabas como la letra de una melodía, de un grupo de tres al cuarto.
Através de esas palabras vislumbré que no habías cambiado, y una vez más me tendiste la mano.
Quizás seguirte por una noche no me ocasionaría problemas.
Entonces fui ingenua, pensando que podría tener una noche tranquila, acompañada de una persona caótica.

27 diciembre, 2012

Adiós, adiós... 2012.

Lo mejor del 2012, sin duda.
Fue encontrar esa gente que ahora más que amigos, son mi familia.
Este año me deparó más cosas de las que me esperaba, más de las que podía asimilar.
Lloré sentimientos y me tragué lágrimas.
Me enamoré, me desenamoré, me volví a enamorar, y otra vez desde el principio.
Personas dejaron mi corazón, y otras ocuparon esos huecos vacíos que dejaban tras de sí.
¿Y qué puedo decir?
Que gracias, gracias por este año más que pasa. Gracias a todos.
Este año aprendí que lo que hoy son errores, mañana son experiencias.
Que no se madura con los años, si no con los daños.
Y que la distancia y la diferencia de edad sólo interfieren en una relación si el nivel de amor no está muy alto.
Que unas cuantas palabras, con 3 son bastantes, te pueden hacer sentir como si tu vida ya no valiese para nada, asimismo esas 3 palabras hacen falta para hacerte sentir como si el contador de pulsaciones y los días parasen, y el tiempo se detuviese.
Te herí con la peor de las verdades, y tu me heriste con la mejor de las mentiras.
Aprendí que la banda sonora de mi vida la forman esas canciones que me recuerdan a alguien, aquel o aquella que dijo alguna vez: "esta es nuestra canción", esa canción que en sus versos esconden un deseo, un recuerdo, o cualquier parte de mi memoria.

27 noviembre, 2012

Soñando entre materia y agujeros negros.

-¿Sabes de qué están hechas las estrellas?-Preguntó Alexei.
No pensé en nada, y a la vez pensé en todo, mientras miraba hacia el cielo, cubierto de puntos brillantes.
Abrió su chaqueta y sacó una pequeña bolsita de cuero negro.
Esparció un poco del polvo que había en su interior a su mano.
-Esto. Esta es la llamada "materia de los sueños". He pasado la vida estudiando la distribución en la Vía Láctea, la cinemática, la luminosidad... Y aún a día de hoy no las he tocado. Ni una sola vez.
Alexei extendió su brazo, como si de verdad se hubiera convencido de que podía tocar esa mezcla casi mágica.
Se le escapó una lágrima desde su corazon de metal.
-Comandante, yo...-Rompí aquel silencio intentando hacerlo más ameno.
-¿Subimos a la nave? Es hora de volver a base. Seguro que Mikhalei se está preocupando por ti.
-¿Mikhalei? Él está muy ocupado con sus cuerpos celestes y sus cápsulas criónicas. Evade al mundo, y el mundo le evade a él.
Alexei rió por unos momentos, y, mientras se secaba las lágrimas con la mano izquierda, me tendió la derecha para ayudarme a levantarme.
Me partía el alma verle así.
Y más cuando siempre decía que los hombres no lloraban.
Subí la cabeza, y pude ver unas letras inscritas en la nave. Ursa Major.
Esa era la forma de volver a casa, si es que se podía llamar de esa forma.
Se podía decir que no era casa de nadie, pero también era casa de todos.
Sólo sé que nosotros éramos quien llevábamos el control de esa área de la galaxia. No sé cómo todo acabó así, pero sé que estoy muy, muy lejos de mi verdadero hogar.
Antes de entrar, Alexei se giró hacia mí. "¿Conoces la constelación de Perseo?" me preguntó.
Hice gesto de negación con la cabeza, y prosiguió. "Perseo está situada entre Casiopea y Auriga, por lo que es muy fácil de localizar. Perseo era hijo de Zeus y de Dánae. La hazaña más meritoria fue la muerte de la medusa Gorgona. Ésta tenía una mirada tan temible que convertía en piedra a quien miraba."
Señaló al cielo, detrás de mí, y me giré. Pude contemplarla, y os aseguro de que era preciosa, un lujo para no pestañear, para quedarse perpleja.
Unos minutos después, ya estábamos embarcados en nuestro viaje de vuelta.
Mientras observaba a través de la vitrina el exterior, me vi envuelta en pensamientos.
Alexei. Él era joven, pero tenía una inteligencia que asustaba. Supongo, que era eso lo que más me atraía de él.
O quizás no.

20 octubre, 2012

¿Cuántos lunares tiene tu espalda?


Llámame nostalgia por querer tenerte a una edad tan temprana, llámame locura, bipolaridad, esquizofrenia... Pero esta noche daría mi vida por conocer la tuya.

Dime, ¿Cuántos lunares tiene tu espalda? Quiero deslizarme por cada uno de ellos, dejando un suave rastro de éxtasis que puedan llevarme hacia tu cuello. Y una vez allí engañar al lóbulo de tu oreja, haciéndolo mío durante horas. Que poco a poco conozca mi lengua y... en un descuido, llegar a tu boca. Quiero recorrer tu vientre haciendo un alto en cada gemido, quiero plasmar ese sonido en mi tímpano y recordarlo cada vez que tenga que echarte de menos.
Porque no fuiste tú el que jugó a buscarme en el puerto, ni fueron tus manos las que recorrieron mis piernas, ni fuiste tú quien me secó las lágrimas en aquel avión ni quien me regaló una pulsera un día de feria. Pero sin embargo, cada minúscula parte de mi pasado me tienen hoy escribiéndote canciones, inventándome acordes... O diciéndote esto. Porque cada paso que di con quien creí que eras tú, me acercan a escuchar tu risa.
A conocer tu nombre, el color de tus ojos, el tacto de tu piel, las atracciones de tu cuerpo. Tú serás mi montaña rusa y yo la niña que espera en la cola, callada, tímida y a veces demasiado romántica, pero tú seguirás siendo mi montaña rusa.

Y yo… ya estoy esperando en la cola.

Volvíamos a bailar sobre la cuerda floja, hasta que se rompió.



¿Qué te ha pasado?
O mejor: ¿qué nos ha pasado?
Antes era uno de los pilares que sujetaban tu vida, los que te servían de apoyo, y ya... Nada.
Ni si quiera una sonrisa por los pasillos.
Pasamos de íntimos confidentes, a desconocidos apartados de la gente.
Nos movíamos por círculos muy diferentes. Quizás eso es lo que hizo romper la cuerda floja sobre la que danzábamos, a punto de caer al vacío.
Pero siempre conseguíamos estabilizarnos, y volver a bailar, para volver a tener ese subidón de adrenalina que convertíamos en cosquilleos por las caderas.
Y es que nos encantaba, ¿eh?
Estar un día bien, y al otro, como si nada hubiese pasado. A empezar de cero.
Empezar con susurros y secretos sentados al final de la clase.
Saludos por las mañanas, quedadas en los recreos.
Todo para que al final, tuviésemos que volver a empezar.
Creo que debo aprender a conformarme con lo que me das.
Por que ahora somos ajenos el uno del otro, extraños que ya no se conocen, que no saben lo que ronda la cabeza, que sólo se hablan para darse los buenos días. No, ni eso.
Y es que, esos párrafos de canciones escritos por ti al azar, aún los conservo en mi pared, pegados para que nadie los quite de ahí.
Creo que todo pasó por ese amor que te callaste.
Ese mismo que no supe descifrar a tiempo, cuando el reloj de arena ya se había hecho pedazos, y estaban esparcidos por el suelo.

12 octubre, 2012

Madrugadas entre el rocío y sus palabras.


Observé tu mirada una vez más.
Otra vez, allí estábamos: tú, y yo.
En el sitio de siempre.
Tumbadas sobre aquella hierba de madrugada, sobre aquel rocío que te calaba la ropa.
Respirabas el aire fresco mientras mirábamos al cielo, ensimismadas.
Nuestras pupilas se perdían como si quisieran ver la infinidad del universo, cada una de las estrellas que caían en forma de suspiros.
-¡Mira! Una estrella fugaz: ¡vamos a pedir un deseo!-exclamaste, rompiendo el frío hielo que cubría el silencio nocturno.
+Por dios, Charlotte, ¡eso no era más que otra estrella!-dije, con una sonrisa cortando mis palabras.
-Joder, yo pensaba...
No dejabas de mover la pierna, nerviosa. ¿De verdad querías una estrella fugaz?
Pues la única estrella de todas eras tú.
Tú, y tu capacidad de aparecer y desaparecer, hacer a los demás felices, y conceder deseos. ¿No era así? Parecías sacada de un cuento.
En un abrir y cerrar de ojos, ya habías cogido el mechero.
En otro, ya estabas inhalando la nicotina que tantos momentos te había robado.
Y de nuevo dejé de observar al cielo para observarte a ti, mientras el humo de tu boca se disipaba entre la atmósfera de esa noche.
Me encantaba verte reír.
Y no te odio, pero simplemente tengo lástima de que te hayas convertido en todo lo que me juraste aquella noche, que nunca serías.

02 octubre, 2012

Perdí la chispa que hacía mezclas explosivas con nuestros labios.

Caminábamos de la mano con la luna mirándonos de frente, avergonzada y ocultándose entre algunas nubes.
Nos dirigíamos a aquel pequeño parque cerca de tu casa, aquel que parecía un bosque en miniatura.
La sinopsis de mi despiadado corazón se retorcía, furiosa, como si quisiese salírseme del pecho en un afán de libertad. Lo necesitaba.
Hacía tiempo que había perdido la chispa del amor que había entre nosotros dos, ya no desataba mil emociones al mirarte a la cara, o cuando mezclábamos nuestros labios para conseguir mezclas explosivas.
Eso se me había quedado pequeño, viejo, antigüo. Ya no podía seguir engañándome, mintiéndome y creyendo aquellas tretas que contaban que la verdad es que te quería. Pero lo hecho, hecho está.
Huiré de esta gran falsedad antes de que sea demasiado tarde, antes de que a mi Cenicienta interior, le den las campanadas. Las 12 tenían que llegar tarde o temprano.
Solté tu mano y te paraste a medio camino, quedándote trás de mi.
-Creo que esto no está hecho para mí.
Me miraste, un tanto alarmado.
Inexpresivo, pero con muchas preguntas rondándote la cabeza.
-Es más, tú no estás hecho para mi. Tenía que acabar con eso.
Me levanté, y arrastrando los pies, me fui. Sin ahogarme en llantos, sin hacer ningún movimiento en falso.
No me seguiste, cosa que agradecí tiempo después.
Te limitaste a mirarme mientras me iba, con la mirada fija en mi espalda, y la cara desencajada.
Me paré en seco.
Tu garganta pedía a gritos un ¿por qué?, sediente y exhausta por una respuesta.
"Adiós", volví a susurrar, mientras me metía las manos en el bolsillo de la chaqueta.

Cuentos Helados.

Salgo con los pies descalzos de la casa, y rápidamente, ya tengo puestas las botas, forradas de pelo.
Siento la nieve, y me paro a observar mis rastros huellas tras de mí.
Detrás de los arbustos hay algo.
Cierro los ojos.
Inspiro.
Abro los ojos.
Siento el pelaje de los lobos acariciando mis manos, o mejor dicho, siento sus pulsaciones llamando a mis dedos, para que siga masajeándoles detrás de la oreja.
Me agacho.
"Te gusta, ¿verdad, Mó?"
Sonrío levemente.
Más que un lobo, era una pequeña mascota, algo que nadie podía entender.
Suspiro, y miro al cielo.
Veo como caen efímeros copos de nieve, y pauso mi tarea de rascar al animal, para que uno de esos copos se pose en mi mano.
Lo acerco hasta donde mi vista alcanza perfectamente, y observo cómo se derrite.
La magia helada.
No siento las manos, me las acerco a mis labios.
Hago un caparazón con ellas, mientras el vaho que sale de mi boca, se funde con aquel paraje blanquecino, entre aquellos árboles sin hojas.
Juego un momento con las formas del vaho: me he vuelto a distraer de mi tarea.
Y de nuevo miro a mi alrededor.
Árboles negros, y tierra blanca.
De mi bolsillo saco una fina bufanda de lana, y me la coloco en el cuello.
Mó sigue dando vueltas entre mis piernas.
"Qué inquieto, ni que fuera luna llena"-Pienso.
Mó me mira con ojos juguetones, y gesto de no entender nada, y saca sus colmillos a relucir para intentar lamerme la pierna,
Entonces me preparo, y corro.
"Si quieres jugar, yo jugaré"

22 septiembre, 2012

El mundo es frágil.

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¿Habéis sentido alguna vez... Que el tiempo vuela?
Que se te escapa de tus manos, y no puede volver.
Que cada minuto que vives, lo pasas como si fuese un segundo.
Que en un abrir, y cerrar de ojos, toda tu vida se ha pasado por delante.
Ya no eres una niña que jugaba en el jardín.
Que pronto volverán las tardes de inverno, observando como caen las gotas por el cristal.
Como caen los recuerdos, aferrados a tu memoria.
Sonriendo bajo la bufanda, y ajustándose los gorros de lana antes de salir.
Y esos ojos...  ¿Por qué apartas la mirada si te pillo mirándome otra vez?
¿Habéis sentido como si os hubiéseis perdido todo un año?
Yo lo he sentido. Lo siento ahora mismo.
Siento que estamos en Septiembre, y que si mañana me despierto, ya estaremos a Octubre.
Siento que los meses se me escapan de las manos, se resbalan y se me caen al suelo, desapareciendo. El mundo es frágil.
Tiembla sólo con mirarlo, ya no sabes lo que es.
El tiempo se pierde, se para, y retoma su recorrido.
Hay dos tipos de personas: las que saben vivir la vida disfrutando de cada segundo, cada minuto del día disfrutando del presente o las que se amargan por hechos del pasado que ya no tienen remedio.
Siento que he perdido amigos importantes, con los que ya ni me hablo, y que después de tanto tiempo ya no pueden volver.
Se acabó el atardecer, y llegó el amanecer, con su triste anochecer.
Pasando página cada día.
Y vuelta a empezar.

A Miss Cafeina las palabras no se le atragantan. Nunca.



'Hay una cosa que se llama "decir te quiero a la ligera" porque sí, porque soy guay.
Y hay una cosa que se llama "confundir sentimientos".
Por supuesto, hay ciertas cosas que jamás podré perdonarme, y sí, esa es una de ellas. ¿Acaso sabéis lo que es una amistad, una de verdad?
Amistad es quedarte hasta las tantas hablando con tu amigo diciendo cualquier idiotez para que sonría cuando está mal, amistad es dejar de lado tus problemas para ayudar a tu amigo en los suyos, amistad es decir lo que piensas de cualquier situación y no lo que tu amigo quiere oír y... Aunque no haga caso de tu consejo y se estampe contra la pared, estar ahí, no para decir "te lo dije", sino para recoger los pedacitos.
También es reír con tu amigo, pero también es llorar con él.
Amistad es aguantar tardes enteras hablando del mismo tema que no deja en paz a tu amigo, una y otra vez, y no cansarte, y seguir escuchándole como lo hiciste la primera vez.
E ayudar a tu amigo aunque sea desviviéndote y no necesitar escuchar un "gracias" o un "yo haría lo mismo". No lo necesitas, porque ya lo sabes.
Hoy por ti, y mañana por mí.
Amistad es entenderse con una sola mirada, amistad es que con tan sólo cruzar dos palabras, ya sepas si le ocurre o no algo a tu amigo.
¿Acaso sabéis lo que es estar enamorado de verdad? Yo lo he estado.
He estado enamorada de verdad de una persona que estaba a 300 kilómetros de mí.
No sabéis la impotencia tan grande que era pensar que no podía abrazarle, que no podía besarle, que, sí, llegaba el fin de semana, pero no podía quedar con él.
No os imagináis lo tremendamente nerviosa que estaba la primera vez que me llamó, o lo feliz que era con tan sólo escuchar su voz, o las mariposas en el estómago con cada "te quiero". No os podéis imaginar lo que fue para mí escuchar aquella noche aquel "te amo".
Y no os podéis imaginar lo duro que fue para mí decir "se acabó".
No te lo puedes llegar a imaginar porque, cuando lo dije, aún le quería. Qué coño, le sigo queriendo y le echo muchísimo de menos.
Yo he hablado de que ahora "te quiero" es como si te digo... "me caes bien".
No, joder, no, son cosas completamente distintas.
Cada te quiero que le dije, cada te amo, fueron sinceros, yo los sentía de verdad. A eso es a lo que voy, que ahora, esas palabras... ¿Qué son? ¿Qué valen?
Nada. No son ni valen nada.
Ahora "¡oh, hemos hablado menos de dos horas! Tenemos cosas en común, ¡qué amigos somos, te quiero como a nadie!".
No. La amistad como el amor son cosas, sentimientos muy intensos que, van surgiendo, poco a poco. El roce hace el cariño, ¿no?'

¡Buenas noches! Hoy, como una noche cualquiera, regreso y me pongo a publicar. Me gustaría hacerlo más a menudo, pero es lo que hay, ¡os dejaré sin mis cuentos hasta que llegue el fin de semana! :(
Besos, M. <3

12 septiembre, 2012

Carta a Clary.


Clary:

Escribo estas líneas al atardecer.
Te contemplo mientras duermes, y noto como sueñas al observar tus párpados inquietos.
Ojalá supiese que es lo que pasa por tu cabeza. Me gustaría quedarme dentro de ella y ver el mundo a través de tus ojos, verme a mí mismo como tú me ves. O quizás prefiero no verlo.
A lo mejor si lo hiciese la sensación de que estoy perpetuando una especie de gran mentira sería aún más intensa, y no creo que la pudiera soportar.
Te pertenezco. Podrías hacer lo que quisieras conmigo y yo lo consentiría.

Podrías pedirme cualquier cosa, y yo haría lo que estuviese en mis manos por complacerte.
Mi corazón me dice que este es el mejor y mayor sentimiento que he albergado nunca.
Pero mi mente es capaz de distinguir entre lo que significa desear lo que no puedes tener y desear lo que deberías. Y yo no debería desearte.
Llevo toda la noche viéndote dormir, observando la luna salir y desaparecer proyectando su sombra sobre ti.
Nunca había visto algo tan bonito. Pienso en la vida que habríamos podido vivir si las cosas hubieran sido distintas, una vida en la que esta noche sería un acontecimiento aislado, separando de la realidad, sin ser parte de nuestro día a día.
Pero las cosas son distintas, y al mirarte no puedo dejar de pensar en que he sido yo el que ha provocado que me quisieras.
Sueño en pasar una noche contigo, pero es mentira. Lo que en realidad querría es pasar todas las noches contigo.
Y por eso ahora debo deslizarme por tu ventana, como un cobarde. Porque si tuviese que decirte todo esto a la cara, no podría marcharme.
No te culparé si me odias. De echo, parece que sería lo mejor.
Mientras pueda seguir soñando, soñaré contigo.

Jace.

09 septiembre, 2012

Amèlie y sus cuentos pArisinos.


Amèlie va a changer ta vie.
Pero lo que no sabía Amèlie, era que ya habían cambiado su vida antes de que ella revolucionase la de los demás. Desde entonces, sueña con tu sonrisa subida a la torre Eiffel, revolcándose en recuerdos como si siguieseis apuntando las fechas importantes en el calendario de la entrada.
Las notas de "je t'aime" y los minutos contados a contrarreloj, la media noche viendo la ciudad iluminada, y los frapuccinos de por la mañana, con crêpes de nata y chocolate.
Nunca llegué a entenderla del todo, pero Amèlie era así. Era ella.
Imaginativa, soñadora, irrealista, inconformista, y preciosa. Eso era lo que le hacía ser ella.
Tenía corazón de pArisina, no cabía duda.
Seguro que te acuerdas de todos los paseos a bufanda compartida que dabais por las calles iluminadas; ella siempre me contaba esa historia como si hubiese pasado ayer. Su favorita.
"París es siempre una buena idea", su frase más preciada. La nostalgia era evidente.
Sus ojos se tiñen de ilusión, de amor, de belleza... Ese brillo especial cuando habla de ti.
Y es que realmente te amaba. 
Y sé que Amèlie cambiará, y dejará de contarme sus cuentos nocturnos, de confesarme lo que se le pasa por la cabeza, pero mientras no me quiten sus bonjour, yo seguiré escuchándola desde mi cama, con nuestras noches en vela, viendo como sus recuerdos hacen vuestra historia.

¿Qué tal, pequeños acosadores? Aquí vengo con una entrada dedicada a mi amado París, ciudad de las luces, y del amor. Sé que estoy publicando mucho últimamente, pero en cuanto empiece el instituto, mi horario no dará de sí, y no podré escribir cuando quiera.


05 septiembre, 2012

I'm only human.



Y aquí me quedo esperando, sentada en las escaleras, a que el amor llame a la puerta.
Por que... ¿Sabes qué?
Yo nunca te busqué, en esos tiempos ni siquiera creía en el amor.
Estoy harta de que mi mente asocie el amor con tu nombre.
Para mí, sólo eran un par de palabrejas inventadas por dos personas. Aquellas con una felicidad efímera.
Pero apareciste; apareciste y me hiciste la vida imposible. Impredecible.
Me enamoré sin darme cuenta. Me enamoré de ti, pensando que todo iba a ser de color rosa.
Y me equivocaba, pero me alegro de haberme equivocado.
Eres algo de lo que no me arrepiento, aunque sí que me sentí como una estúpida.
Todos nos sentimos así constantemente. Sólo somos humanos.
Fallar, equivocarse, tropezar con la misma piedra... Son cosas que me pasaron contigo.
Y como alguien me dijo una vez, "Si tropiezas de nuevo, es por que quieres"
Y no se equivocaba.
Por que quería seguir contigo. Y fue todo muy bonito, como debía ser.
Y todo se tornó de gris. Fin.
Los finales son inevitables, todo tiene final.
Una vida, una película, una canción... Incluso los infinitos. O al menos para mí.
Por que los infinitos son mentiras. Mentiras agrupadas de una a una, mentiras infinitas.
Y... Querido desconocido: no creas que sigo enamorada de ti.
Pero sí que hay veces que creo que te echo de menos. Pero sólo a veces.
Y, ya estoy harta de que siempre sea la misma historia.
De que siempre aparezcas tú, y me acuerde de todo, y tenga ganas de decirle al mundo que necesito algo nuevo que contar.
Sólo soy humana, y ahora sí que creo en el amor.
Aunque estoy un 90% harta de él.


02 septiembre, 2012

Proyecto Havet.


Dorean era una chica salvaje.
Siempre lo había sido; aunque la sociedad nunca la aceptase del todo.
Ella decidió que nunca cambiaría. Ni por nada, ni por nadie.
En sus ratos libres acostumbraba a ir dónde los ruidos de la ciudad no llegan, dónde la paz reina, y el alma se siente libre. Allí parecía que el tiempo no pasaba, y Dó recorría los parajes  como si de sueños se tratasen.
Entonces nacía su corazón de bosque, y nadaba entre las frías aguas que le ponían la piel de gallina, surmegiéndose por completo. Y le encantaba. Y verdaderamente, era ella misma, entre árboles verdes, y cuernos marrones, lo que le hacía ser libre, libre como si fuese un ciervo.
Deberías haberla visto correr en aquellos tiempos. Su sonrisa irradiaba velocidad, libertad. 
Me encantaba. Me encantaba su largo pelo como el chocolate negro.
Y nosotras compartíamos ese secreto suyo, tan preciado,  que no le contaba ni a las ramas de los arbustos.



(Mi participación para el proyecto. Si queréis saber más, entrad aquí: Proyecto Havet ~ Henar Bengale)
PD; Ya no sé cómo agradeceros todo, ¡ya sois 66 acosadores de mis relatos! Sólo puedo decir.... Gracias, gracias por los ánimos, y por todo.
Con cariño,
(M.) <3 nbsp="nbsp">

26 agosto, 2012

Los caminos se separan.



Cada uno toma una dirección, pensando que al final los caminos se volverán a unir. 
Desde el tuyo ves a la otra persona cada vez más pequeña. "No pasa nada , estamos hechos el uno para el otro", piensas, y al final sólo ocurre una cosa: llega el invierno.
No hay vuelta atrás, lo sientes
Y es justo entonces, intentas recordar en que momento comenzó todo. 
Y descubres que todo empezó antes de lo que pensabas. Mucho antes. Y es ahí , justo en ese momento, cuando te das cuenta de que las cosas sólo ocurren una vez , y que por mucho que te esfuerces, ya nunca volverás a sentir lo mismo , ya nunca tendrás esa sensación.
¿ Sabes? Nunca me habían preguntado una pregunta de tal estilo, pero si me lo preguntasen, podría decirlo cantándolo, gritándolo, e incluso susurrándolo, en forma de poema o escrito en un pastel de chocolate. 
Sí, sí y completamente sí, en letras mayúsculas negritas y resaltadas, en una pancarta sobrevolando el mar arrastrada por una avioneta, en un tatuaje, en una hoja de papel, en una canción o en una mentira, en un rumor y en una verdad. Sí, sí y eternamente sí.
Esa pregunta me encantó. ¿Por qué tus "para siempre" fueron mentira?
Tu imaginación no tenía límites por ese entonces. Como el cielo. Como nuestras estrellas, aquellas que observábamos desde el tejado en las noches frías de Febrero.
Y quiero que llegue, y acordarme de tí. Que sea mi cumpleaños, y añorar tu pícara sonrisa extendiéndome tu mano, o dejándome tu sudadera. Cuidándome.
Dándome ese regalo que me gustaba tanto. 
Y añorarte. 
Añorarte como si disparases a mi corazón, haciéndolo pedazos.


PD; La pregunta decía así: ¿Serías capaz de mentir y escaparte conmigo a un lugar en el que los susurros de los árboles sean nuestro único temor?

22 agosto, 2012

Y entonces lo sientes. Ya nada volverá a ser igual, ¿no?



Cuando pasa.. eso.
Cuando tomas cariño a una persona, luego es difícil dejar que se aleje sin motivo alguno, pero a veces cometemos errores de los que tal vez, y digo tal vez, nos podríamos estar arrepintiendo de por vida, pero de vez en cuando, también dejamos que nuestro otro "yo" actúe por nosotros, tome nuestras decisiones, porque nos da miedo actuar por temor a equivocarnos, y aunque actuar al contrario, es decir, sin miedo alguno aumente la probabilidad de cometer errores, el dudar solamente nos cierra puertas a nuevas sensaciones.
De repente te das cuenta de que todo ha cambiado, no sabes por qué ni cómo, pero sucede.
Te das cuenta de que nada volverá a ser igual, que tampoco sucederá más veces.
Luego piensas que ojalá no hubiera sucedido, pero ya es demasiado tarde, ya nunca podrás sentir lo mismo, nunca volverás a tener la misma sensación, es cuando te das cuenta, de que todo ha vuelto a cambiar, es cuando te das cuenta de que has de aterrizar.
Y de repente ves que nunca volverás a estar a esa altura.

Y sientes que todo empieza, no sabes muy bien como, pero empieza, y entonces sientes esa sensación que recorre todo tu cuerpo,es algo tan bonito, pero a la vez tan mortífero, y es que dicen que el amor mata, pero yo pienso, que el amor solo encuentra cosas que no están aquí abajo, el amor encuentra cosas que están a las afueras de nuestras posibilidades, y es que todo empieza con esa chispa, que acaba formando un universo.
Pero al igual que empieza termina, y sabes que no volverás a sentir lo mismo, y lloras por volver a tener esa sensación, pero se ha ido, tan rápido que apenas la pudiste apreciar, tan rápido como la marea llega a la orilla.
Bajas de ese mundo, de ese mundo de enamorados, bajas y todo vuelve a ser igual, vuelves al punto de inicio, pero con una sensación de vacío en tu cuerpo, y es que ya no estás a tres metros sobre el cielo.



¡Noticias, noticias!

12 agosto, 2012

Te quiero Te odio.


-Tú...Te odio.

+¿Eh...A mí?


-Si, a ti. Completamente. Te odio, te odio, te odio, te odio.

+Pero, ¿Por qué? ¿He hecho algo?


-¿Qué si has hecho algo? Desde el principio tienes esa sonrisa que hace cuando te mire, tenga esa sonrisa de tonta; me miras con esos ojos que hacen que tenga que sonreír aunque no quiera, aunque esté enfadada. Tienes esa mirada... Esa mirada que se me centra en la mente, se queda fijada, y me vuelve completamente loca. ¿Y sigues teniendo el valor de decirme que, qué has hecho? Has hecho que seas la persona por lo que lo dejaría todo en un instante, has hecho que seas una de las personas más importantes de mi vida, has hecho que te quiera como no he querido nunca a nadie, y has echo que cuando te vea solo quiera quedarme contigo, abrazarte tan fuerte que me duelan los brazos. Has hecho que me quede noches enteras hablando contigo, para más tarde irme a dormir pensando en ti, y soñar contigo, con nosotros. Has hecho que me despierte feliz, y que me acueste más aún, por una simple frase, o una palabra de las tuyas. Has hecho que no pueda parar de mirarte, y buscarte siempre aunque no estuvieses.

Nubes~