Bienvenidos a mi diario, a mi mundo. El querido desenfreno de una noche. Y cómo te añoraba a la siguiente. Bienvenidos a mi vida. Adelante, estáis invitados a formar parte de ella: a indentificaros. Pasad y disfrutad.
20 octubre, 2012
Volvíamos a bailar sobre la cuerda floja, hasta que se rompió.
¿Qué te ha pasado?
O mejor: ¿qué nos ha pasado?
Antes era uno de los pilares que sujetaban tu vida, los que te servían de apoyo, y ya... Nada.
Ni si quiera una sonrisa por los pasillos.
Pasamos de íntimos confidentes, a desconocidos apartados de la gente.
Nos movíamos por círculos muy diferentes. Quizás eso es lo que hizo romper la cuerda floja sobre la que danzábamos, a punto de caer al vacío.
Pero siempre conseguíamos estabilizarnos, y volver a bailar, para volver a tener ese subidón de adrenalina que convertíamos en cosquilleos por las caderas.
Y es que nos encantaba, ¿eh?
Estar un día bien, y al otro, como si nada hubiese pasado. A empezar de cero.
Empezar con susurros y secretos sentados al final de la clase.
Saludos por las mañanas, quedadas en los recreos.
Todo para que al final, tuviésemos que volver a empezar.
Creo que debo aprender a conformarme con lo que me das.
Por que ahora somos ajenos el uno del otro, extraños que ya no se conocen, que no saben lo que ronda la cabeza, que sólo se hablan para darse los buenos días. No, ni eso.
Y es que, esos párrafos de canciones escritos por ti al azar, aún los conservo en mi pared, pegados para que nadie los quite de ahí.
Creo que todo pasó por ese amor que te callaste.
Ese mismo que no supe descifrar a tiempo, cuando el reloj de arena ya se había hecho pedazos, y estaban esparcidos por el suelo.
12 octubre, 2012
Madrugadas entre el rocío y sus palabras.
Observé tu mirada una vez más.
Otra vez, allí estábamos: tú, y yo.
En el sitio de siempre.
Tumbadas sobre aquella hierba de madrugada, sobre aquel rocío que te calaba la ropa.
Respirabas el aire fresco mientras mirábamos al cielo, ensimismadas.
Nuestras pupilas se perdían como si quisieran ver la infinidad del universo, cada una de las estrellas que caían en forma de suspiros.
-¡Mira! Una estrella fugaz: ¡vamos a pedir un deseo!-exclamaste, rompiendo el frío hielo que cubría el silencio nocturno.
+Por dios, Charlotte, ¡eso no era más que otra estrella!-dije, con una sonrisa cortando mis palabras.
-Joder, yo pensaba...
No dejabas de mover la pierna, nerviosa. ¿De verdad querías una estrella fugaz?
Pues la única estrella de todas eras tú.
Tú, y tu capacidad de aparecer y desaparecer, hacer a los demás felices, y conceder deseos. ¿No era así? Parecías sacada de un cuento.
En un abrir y cerrar de ojos, ya habías cogido el mechero.
En otro, ya estabas inhalando la nicotina que tantos momentos te había robado.
Y de nuevo dejé de observar al cielo para observarte a ti, mientras el humo de tu boca se disipaba entre la atmósfera de esa noche.
Me encantaba verte reír.
Y no te odio, pero simplemente tengo lástima de que te hayas convertido en todo lo que me juraste aquella noche, que nunca serías.
02 octubre, 2012
Perdí la chispa que hacía mezclas explosivas con nuestros labios.
Caminábamos de la mano con la luna mirándonos de frente, avergonzada y ocultándose entre algunas nubes.
Nos dirigíamos a aquel pequeño parque cerca de tu casa, aquel que parecía un bosque en miniatura.
La sinopsis de mi despiadado corazón se retorcía, furiosa, como si quisiese salírseme del pecho en un afán de libertad. Lo necesitaba.
Hacía tiempo que había perdido la chispa del amor que había entre nosotros dos, ya no desataba mil emociones al mirarte a la cara, o cuando mezclábamos nuestros labios para conseguir mezclas explosivas.
Eso se me había quedado pequeño, viejo, antigüo. Ya no podía seguir engañándome, mintiéndome y creyendo aquellas tretas que contaban que la verdad es que te quería. Pero lo hecho, hecho está.
Huiré de esta gran falsedad antes de que sea demasiado tarde, antes de que a mi Cenicienta interior, le den las campanadas. Las 12 tenían que llegar tarde o temprano.
Solté tu mano y te paraste a medio camino, quedándote trás de mi.
-Creo que esto no está hecho para mí.
Me miraste, un tanto alarmado.
Inexpresivo, pero con muchas preguntas rondándote la cabeza.
-Es más, tú no estás hecho para mi. Tenía que acabar con eso.
Me levanté, y arrastrando los pies, me fui. Sin ahogarme en llantos, sin hacer ningún movimiento en falso.
No me seguiste, cosa que agradecí tiempo después.
Te limitaste a mirarme mientras me iba, con la mirada fija en mi espalda, y la cara desencajada.
Me paré en seco.
Tu garganta pedía a gritos un ¿por qué?, sediente y exhausta por una respuesta.
"Adiós", volví a susurrar, mientras me metía las manos en el bolsillo de la chaqueta.
Nos dirigíamos a aquel pequeño parque cerca de tu casa, aquel que parecía un bosque en miniatura.
La sinopsis de mi despiadado corazón se retorcía, furiosa, como si quisiese salírseme del pecho en un afán de libertad. Lo necesitaba.
Hacía tiempo que había perdido la chispa del amor que había entre nosotros dos, ya no desataba mil emociones al mirarte a la cara, o cuando mezclábamos nuestros labios para conseguir mezclas explosivas.
Eso se me había quedado pequeño, viejo, antigüo. Ya no podía seguir engañándome, mintiéndome y creyendo aquellas tretas que contaban que la verdad es que te quería. Pero lo hecho, hecho está.
Huiré de esta gran falsedad antes de que sea demasiado tarde, antes de que a mi Cenicienta interior, le den las campanadas. Las 12 tenían que llegar tarde o temprano.
Solté tu mano y te paraste a medio camino, quedándote trás de mi.
-Creo que esto no está hecho para mí.
Me miraste, un tanto alarmado.
Inexpresivo, pero con muchas preguntas rondándote la cabeza.
-Es más, tú no estás hecho para mi. Tenía que acabar con eso.
Me levanté, y arrastrando los pies, me fui. Sin ahogarme en llantos, sin hacer ningún movimiento en falso.
No me seguiste, cosa que agradecí tiempo después.
Te limitaste a mirarme mientras me iba, con la mirada fija en mi espalda, y la cara desencajada.
Me paré en seco.
Tu garganta pedía a gritos un ¿por qué?, sediente y exhausta por una respuesta.
"Adiós", volví a susurrar, mientras me metía las manos en el bolsillo de la chaqueta.
Cuentos Helados.
Salgo con los pies descalzos de la casa, y rápidamente, ya tengo puestas las botas, forradas de pelo.
Siento la nieve, y me paro a observar mis rastros huellas tras de mí.
Detrás de los arbustos hay algo.
Cierro los ojos.
Inspiro.
Abro los ojos.
Siento el pelaje de los lobos acariciando mis manos, o mejor dicho, siento sus pulsaciones llamando a mis dedos, para que siga masajeándoles detrás de la oreja.
Me agacho.
"Te gusta, ¿verdad, Mó?"
Sonrío levemente.
Más que un lobo, era una pequeña mascota, algo que nadie podía entender.
Suspiro, y miro al cielo.
Veo como caen efímeros copos de nieve, y pauso mi tarea de rascar al animal, para que uno de esos copos se pose en mi mano.
Lo acerco hasta donde mi vista alcanza perfectamente, y observo cómo se derrite.
La magia helada.
No siento las manos, me las acerco a mis labios.
Hago un caparazón con ellas, mientras el vaho que sale de mi boca, se funde con aquel paraje blanquecino, entre aquellos árboles sin hojas.
Juego un momento con las formas del vaho: me he vuelto a distraer de mi tarea.
Y de nuevo miro a mi alrededor.
Árboles negros, y tierra blanca.
De mi bolsillo saco una fina bufanda de lana, y me la coloco en el cuello.
Mó sigue dando vueltas entre mis piernas.
"Qué inquieto, ni que fuera luna llena"-Pienso.
Mó me mira con ojos juguetones, y gesto de no entender nada, y saca sus colmillos a relucir para intentar lamerme la pierna,
Entonces me preparo, y corro.
"Si quieres jugar, yo jugaré"
Siento la nieve, y me paro a observar mis rastros huellas tras de mí.
Detrás de los arbustos hay algo.
Cierro los ojos.
Inspiro.
Abro los ojos.
Siento el pelaje de los lobos acariciando mis manos, o mejor dicho, siento sus pulsaciones llamando a mis dedos, para que siga masajeándoles detrás de la oreja.
Me agacho.
"Te gusta, ¿verdad, Mó?"
Sonrío levemente.
Más que un lobo, era una pequeña mascota, algo que nadie podía entender.
Suspiro, y miro al cielo.
Veo como caen efímeros copos de nieve, y pauso mi tarea de rascar al animal, para que uno de esos copos se pose en mi mano.
Lo acerco hasta donde mi vista alcanza perfectamente, y observo cómo se derrite.
La magia helada.
No siento las manos, me las acerco a mis labios.
Hago un caparazón con ellas, mientras el vaho que sale de mi boca, se funde con aquel paraje blanquecino, entre aquellos árboles sin hojas.
Juego un momento con las formas del vaho: me he vuelto a distraer de mi tarea.
Y de nuevo miro a mi alrededor.
Árboles negros, y tierra blanca.
De mi bolsillo saco una fina bufanda de lana, y me la coloco en el cuello.
Mó sigue dando vueltas entre mis piernas.
"Qué inquieto, ni que fuera luna llena"-Pienso.
Mó me mira con ojos juguetones, y gesto de no entender nada, y saca sus colmillos a relucir para intentar lamerme la pierna,
Entonces me preparo, y corro.
"Si quieres jugar, yo jugaré"
22 septiembre, 2012
El mundo es frágil.

¿Habéis sentido alguna vez... Que el tiempo vuela?
Que se te escapa de tus manos, y no puede volver.
Que cada minuto que vives, lo pasas como si fuese un segundo.
Que en un abrir, y cerrar de ojos, toda tu vida se ha pasado por delante.
Ya no eres una niña que jugaba en el jardín.
Que pronto volverán las tardes de inverno, observando como caen las gotas por el cristal.
Como caen los recuerdos, aferrados a tu memoria.
Sonriendo bajo la bufanda, y ajustándose los gorros de lana antes de salir.
Y esos ojos... ¿Por qué apartas la mirada si te pillo mirándome otra vez?
¿Habéis sentido como si os hubiéseis perdido todo un año?
Yo lo he sentido. Lo siento ahora mismo.
Siento que estamos en Septiembre, y que si mañana me despierto, ya estaremos a Octubre.
Siento que los meses se me escapan de las manos, se resbalan y se me caen al suelo, desapareciendo. El mundo es frágil.
Tiembla sólo con mirarlo, ya no sabes lo que es.
El tiempo se pierde, se para, y retoma su recorrido.
Hay dos tipos de personas: las que saben vivir la vida disfrutando de cada segundo, cada minuto del día disfrutando del presente o las que se amargan por hechos del pasado que ya no tienen remedio.
Siento que he perdido amigos importantes, con los que ya ni me hablo, y que después de tanto tiempo ya no pueden volver.
Se acabó el atardecer, y llegó el amanecer, con su triste anochecer.
Pasando página cada día.
Y vuelta a empezar.
A Miss Cafeina las palabras no se le atragantan. Nunca.
'Hay una cosa que se llama "decir te quiero a la ligera" porque sí, porque soy guay.
Y hay una cosa que se llama "confundir sentimientos".
Por supuesto, hay ciertas cosas que jamás podré perdonarme, y sí, esa es una de ellas. ¿Acaso sabéis lo que es una amistad, una de verdad?
Amistad es quedarte hasta las tantas hablando con tu amigo diciendo cualquier idiotez para que sonría cuando está mal, amistad es dejar de lado tus problemas para ayudar a tu amigo en los suyos, amistad es decir lo que piensas de cualquier situación y no lo que tu amigo quiere oír y... Aunque no haga caso de tu consejo y se estampe contra la pared, estar ahí, no para decir "te lo dije", sino para recoger los pedacitos.
También es reír con tu amigo, pero también es llorar con él.
Amistad es aguantar tardes enteras hablando del mismo tema que no deja en paz a tu amigo, una y otra vez, y no cansarte, y seguir escuchándole como lo hiciste la primera vez.
E ayudar a tu amigo aunque sea desviviéndote y no necesitar escuchar un "gracias" o un "yo haría lo mismo". No lo necesitas, porque ya lo sabes.
Hoy por ti, y mañana por mí.
Amistad es entenderse con una sola mirada, amistad es que con tan sólo cruzar dos palabras, ya sepas si le ocurre o no algo a tu amigo.
¿Acaso sabéis lo que es estar enamorado de verdad? Yo lo he estado.
He estado enamorada de verdad de una persona que estaba a 300 kilómetros de mí.
No sabéis la impotencia tan grande que era pensar que no podía abrazarle, que no podía besarle, que, sí, llegaba el fin de semana, pero no podía quedar con él.
No os imagináis lo tremendamente nerviosa que estaba la primera vez que me llamó, o lo feliz que era con tan sólo escuchar su voz, o las mariposas en el estómago con cada "te quiero". No os podéis imaginar lo que fue para mí escuchar aquella noche aquel "te amo".
Y no os podéis imaginar lo duro que fue para mí decir "se acabó".
No te lo puedes llegar a imaginar porque, cuando lo dije, aún le quería. Qué coño, le sigo queriendo y le echo muchísimo de menos.
Yo he hablado de que ahora "te quiero" es como si te digo... "me caes bien".
No, joder, no, son cosas completamente distintas.
Cada te quiero que le dije, cada te amo, fueron sinceros, yo los sentía de verdad. A eso es a lo que voy, que ahora, esas palabras... ¿Qué son? ¿Qué valen?
Nada. No son ni valen nada.
Ahora "¡oh, hemos hablado menos de dos horas! Tenemos cosas en común, ¡qué amigos somos, te quiero como a nadie!".
No. La amistad como el amor son cosas, sentimientos muy intensos que, van surgiendo, poco a poco. El roce hace el cariño, ¿no?'
¡Buenas noches! Hoy, como una noche cualquiera, regreso y me pongo a publicar. Me gustaría hacerlo más a menudo, pero es lo que hay, ¡os dejaré sin mis cuentos hasta que llegue el fin de semana! :(
Besos, M. <3
12 septiembre, 2012
Carta a Clary.
Clary:
Escribo estas líneas al atardecer.
Te contemplo mientras duermes, y noto como sueñas al observar tus párpados inquietos.
Ojalá supiese que es lo que pasa por tu cabeza. Me gustaría quedarme dentro de ella y ver el mundo a través de tus ojos, verme a mí mismo como tú me ves. O quizás prefiero no verlo.
A lo mejor si lo hiciese la sensación de que estoy perpetuando una especie de gran mentira sería aún más intensa, y no creo que la pudiera soportar.
Te pertenezco. Podrías hacer lo que quisieras conmigo y yo lo consentiría.
Podrías pedirme cualquier cosa, y yo haría lo que estuviese en mis manos por complacerte.
Mi corazón me dice que este es el mejor y mayor sentimiento que he albergado nunca.
Pero mi mente es capaz de distinguir entre lo que significa desear lo que no puedes tener y desear lo que deberías. Y yo no debería desearte.
Llevo toda la noche viéndote dormir, observando la luna salir y desaparecer proyectando su sombra sobre ti.
Nunca había visto algo tan bonito. Pienso en la vida que habríamos podido vivir si las cosas hubieran sido distintas, una vida en la que esta noche sería un acontecimiento aislado, separando de la realidad, sin ser parte de nuestro día a día.
Pero las cosas son distintas, y al mirarte no puedo dejar de pensar en que he sido yo el que ha provocado que me quisieras.
Sueño en pasar una noche contigo, pero es mentira. Lo que en realidad querría es pasar todas las noches contigo.
Y por eso ahora debo deslizarme por tu ventana, como un cobarde. Porque si tuviese que decirte todo esto a la cara, no podría marcharme.
No te culparé si me odias. De echo, parece que sería lo mejor.
Mientras pueda seguir soñando, soñaré contigo.
Jace.
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